
Aunque no ha sido premeditado, pensando en los videojuegos que mejor encajarían bajo este epígrafe, inmediatamente me vienen dos a la cabeza, y en ambos casos son adaptaciones de películas. Aprovecharé, por tanto, para hacer un alegato dirigido a la industria del videojuego en general.
Señores productores: La adaptación desde el cine no es fácil, se lleva intentando desde 1.982 y, salvo honrosas excepciones, siempre se ha fracasado. Grandes inversiones para adquirir los derechos, plazos irreales para aprovechar el tirón mediático y, como único resultado, la decepción del comprador, una y otra vez. Hay grandes guionistas y diseñadores, confíen en ellos y déjenles tiempo para el desarrollo. La inversión será menor, el sector mejorará con ideas creativas y tendrán enormes ventas y beneficios. Como ven, todo son ventajas.
Y si mis argumentos aún no les parecieron suficientemente convincentes, tomen nota de estas dos obras cumbre del género:
Street Fighter: the Movie (Capcom, 1995)
La adaptación de una película que a su vez ha sido adaptada de un videojuego anterior, en su planteamiento ya es bastante enrevesada. Si además le añadimos referencias directas a un segundo videojuego que apareció como competencia al primero, el resultado final ya podría ser digno del mismísimo Doctor Frankenstein, como así sucedió.
Aún no se explica cómo la misma compañía que creó Street Fighter en 1999, “perpetró” semejante producto pocos años después. Actualmente reniegan de él a la hora de hacer compilaciones, y no es de extrañar. Estética más próxima a Mortal Kombat, pero con fondos inspirados en la película, y caras digitalizadas de los actores que en vez de dar realismo quitan credibilidad. En cuanto al juego en sí, nada nuevo, los mismos luchadores y movimientos de Street Fighter, pero mucha menor jugabilidad.
Entre Guile Van Damme y Shaq Fu resulta difícil escoger al personaje más freak de un juego de lucha, quizá el segundo, que al menos resultaba cómico.
The Crow: City of Angels (Acclaim Entertainment, 1997)
Otro despropósito en forma de adaptación de una película, muy mala, que a su vez es secuela de otra anterior. Si la trama es poco atrayente, el envoltorio de juego de acción lo es aún más. Pero algo había que hacer para poder venderlo como videojuego.
Los apasionantes combates se reducen a golpear con una mano o con algún objeto, y los golpes tipo acrobacia y patada producen vergüenza ajena. Sin ningún enigma por resolver, el juego se reduce a ir avanzando y recogiendo objetos, por lo que es un juego que no consigue mantener nuestra atención más de diez minutos. Por si no fuera suficiente para desestimar su compra, los diseñadores aún se esforzaron más, ambientando el juego con unos simplones renderizados planos.
¡Encima nos querían vender el juego como lucha en 3D! Por favor, me reafirmo en mi alegato, no más atentados contra la inteligencia del comprador de videojuegos.
